miércoles, 13 de abril de 2011

Cooking class

Aquí el que se aburre es porque quiere. A Toño le parecía poco eso de tener una clase de conversación en la que puedes estar todo el día dándole al palique por 10 dólares. No sólo te pasas 5 horas hablando de todo, aprendiendo expresiones y conociendo otras culturas, porque cada uno habla de lo que conoce, sino que siempre tienes una tetera delante con té recién hecho, o café, según los gustos.
Nuestro querido Toño se puso el reto de dar una clase de cocina. Lo anunció una semana antes y nadie quiso perdersela, yo la primera. Muchas veces hemos ido a "The Conversation" con alguna quiche, pizza, crackers, o lo que sea hecho de casa y muchas personas nos habían preguntado cómo se hacía, así que Toño quiso darle más vidilla a la clase de inglés ofreciéndose a dar una clase de cocina y enseñar cómo hacer una "quiche". No es una receta muy española, pero en este sitio no hay cocina, sólo un horno, así que era lo más sencillo de hacer. Sólo había que preparar la masa y mezclar los ingredientes del relleno.
Todas las coreanas estuvieron super atentas a las explicaciones y tomaron buena nota de todos los pasos. Nos reimos mucho, sobre todo cada vez que Toño preguntaba si estaba sosa la masa o el relleno. Menos mal que no le hicimos caso, porque sino habría sido quiche en salmuera.
Es broma. Salió estupenda, como siempre y todo el mundo comió a base de quiche.
Lastima que justo cuando nos ibamos se puso a llover al estilo de aquí "cats and dogs, and squirrels and bunnies, all together". Llegamos los dos como sopas a casa, pero así es la vida del Biciclista, dura pero bien alimentada.


Cooking class

domingo, 10 de abril de 2011

A LA CAZA DEL CONEJO DE PASCUA!!!


Hay muchas veces que esperas poco de un día y después te sorprende... muy gratamente. Exactamente eso ocurrió el pasado domingo, 3 de abril. Llevaba lloviendo toda la semana (como ésta, como la anterior...) y el domingo había una actividad (buscar huevos de Pascua) en Minnekhada Lodge, una casa de caza en medio de un parque natural de los alrededores de Port Coquitlam. Cris y yo casi rezamos para que siguiera lloviendo porque no queríamos ir hasta este parque (queda a 9 km) y que luego la historia no fuera para tanto. Todo se confabuló para que fuéramos: no arrancó a llover (para variar!), las niñas tenían muuuuuuuuuchas ganas de ir y, además, el plan B era muy apetecible: si no aguantaban la excursión, nos quedábamos a medio camino, en Hyde Creek, dándonos un baño en la piscina de agua caliente, toboganes, etc. Así que no nos quedó otro remedio que sacar las bicis y prepararnos para cualquier cosa.

Nos pusimos en ruta y las peques no mostraron síntoma alguno de debilidad. No hay como tener un objetivo apetecible (cazar conejos de chocolate, en este caso) para que el esfuerzo les parezca mínimo. Pasamos delante de la piscina y dijeron que querían seguir. Pues nada, adelante! La pista ciclable pasó a ser una carretera secundaria y, poquito a poco, nos fuimos acercando. En una hora clavada nos plantamos en Minnekhada Lodge. Las peques se portaron como unas campeonas.

Una vez en la casa de caza empezaron las sorpresas. Es un caserón de madera precioso construido en 1934 (eso es casi la Prehistoria en Canadá) y en el que pasó una noche la reina de Inglaterra. Está rodeado de bosque y un lago impresionante. La casa la cuida una asociación que, además, organiza actividades cada domingo. Abren la casa a quien quiera llegar y compartir un rato de ocio. Estuvimos viendo una presentación de diapositivas del fauna y flora del parque, Ana tocó el piano (bueno, intentó acertar con algunas notas), hablamos con los organizadores, recorrimos la casa al drecho y al revés... Hubo, además, actividades organizadas: canciones en francés, una actuación de un perro y su dueña al ritmo de la música, exposición de fotos... pero, por encima de todo, destacaron dos cosas: la fuente de chocolate para mojar frutas varias (las niñas -y el padre!- perdieron la cabeza) y la caza de huevos de pascua. Había 5 o 6 niños que no pararon de buscar y rebuscar hasta encontrar 30 o 40 huevos cada uno. Lo pasaron de lujo. En Minnekhada Lodge nos encontramos, además, con la mitad de "The Conversation", el grupo de conversación que tan buenos ratos nos hace pasar. Parecía casi una visita privada.

La vuelta fue más dura porque las peques estaban cansadas y ya no había alicientes para pedalear. Muy en su línea, Carmen se plantó porque quería darse un baño en la piscina casi a las cinco de la tarde, cuando cerraban ya y amenazaba lluvia. Bueno, llegamos a casa con buenas vibraciones por haber conocido un lugar nuevo, gente muy interesante y amigable y... PORQUE NO NOS MOJAMOS!!!

sábado, 2 de abril de 2011

San Francisco!!!!

Tras jugar al escondite y adivinanzas, por fin ya está más que claro que el viaje sorpresa era... San Francisco! Y no era broma, era sorpresa. Las niñas no tenían ni idea de adónde ibamos, especialmente Carmen. Ana se olió la tostada en el aeropuerto de Seattle, aunque se habían levantado a las 4.30 de la mañana, no le cuadraba lo de volver a Vancouver en un avión que todo el tiempo decía, San Francisco. El caso es que llegamos a la supuesta Sunny California (tras el tsunami japonés las tormentas se han triplicado en la zona) y en el aeropuerto nos esperaba otro sol mucho más cálido, el de Ana, una amiga de la universidad que se afincó en estas tierras hace muchos años y que, afortunadamente, ella todavía se acuerda de mi... ya sabe ella porque lo digo.
Nos llevó directamente a su casa en Tiburón, al otro lado de la bahía de San Francisco, así que lo primero que vimos fue el majestuoso e impresionante Golden Gate Bridge, que nunca me cansaré de admirar.
El madrugón nos dejó a medio gas, así que nos hicimos fuertes durante un rato en su preciosa casa justo sobre el agua de la bahía de San Francisco, con guitarras que Carmen aporreó nada más llegar y un maravilloso perro, Beluga, que hizo las delicias de las niñas y de mis alérgicos pulmones.(Aprovecho para comentaros que la cebolla funciona tan bien como los anti-histamínicos, porque no tuve que salir corriendo a la farmacia). El hombre de la casa llegó un poco más tarde. David, el hombre tranquilo, congenió inmediatamente con las niñas, especialmente Carmen que lo utilizó de sillón o de saco de golpes porque no hacía más que subirse encima de él y acosarle, literalmente.
Un paseo por los alrededores, impresionantes, y una visita a un parque infantil en medio de un bosque de gigantescos árboles llamados "red woods", ayudó a tranquilizar a las fieras.
Al día siguiente una espectacular tormenta nos retuvo en casa, pero no nos importó lo más mínimo. Ana y yo a darle al palique, Toño a ratos con la piragua, haciendo turnos con las pasajeras y a ratos en la super piscina climatizada que había en la urbanización. El viernes ya nos lanzamos a comernos Frisco, hiciese el tiempo que hiciese... y salió el sol. Ferry desde Tiburón al Pier 41, así que la primera excursión por el camino. Parada en Sausalito, Golden Gate a la derecha, Alcatraz a nuestra izquierda y llegada en el centro de una de las zonas más turísticas de la ciudad, Pier 39, Fisherman's Warf, Cable Car para subir a Lombard St. y ver la famosa cuesta "Crookedest", fotos, fotos, más fotos y Carmenada en el Pier 39. Este embarcadero está abarrotado de tiendas, atracciones, restaurantes... de todo, y a la moza no se le ocurrió otra cosa que ir a su bola, pese a que le había advertido mil veces. El caso es que I panicked y movilicé al puerto entero, incluida la policía. Voy a dejar de ver Mentes Criminales, CSI y series por el estilo, porque siempre piensas en lo peor, más aún si estás en el país donde se ambientan. Inmediatamente apareció, pero la lividez no se me fue de la cara en todo el día, aunque a ella no pareció afectarle para nada porque siguió en la misma onda. Visita a los leones marinos, paseito hasta Embarcadero para coger un ferry tardió de vuelta a casita.
El domingo, Ana quiso llevarnos a Santa Cruz, hacia el sur. Su intención era enseñarnos también Monterey y Carmel, el pueblecito de Clint Eastwood, pero las dos horas de viaje, nos echaron para atrás y menos mal, porque después nos enteramos que las lluvias de esos días habían provocado un desprendimiento de tierra y lodo, cortando la carretera.
Santa Cruz fue una delicía. El mar lleno de cabezas agarradas a tablas, o sea, surferos. Parecía un hormiguero. Las niñas aprovecharon para mojarse, rebozarse en la arena y guarrear todo lo que pudieron. Almuerzo en un encantador restaurante llamado, Chocolate, donde nos pusimos las botas. Visita a la librería que comunicaba con el restaurante y más libros para la maleta!!! Yo no se si vamos a tener que volver en barco para poder llevarlos todos. De vuelta a casa, David nos tenía preparada una riquísima cena, barbacoa incluida. Este hombre no tiene precio. El mío, pamtoto!
Y llego el lunes, nuestro último día!!! San Francisco, allá vamos!!! Castro, el barrio del arco iris; Street-car, flipa que son todavía los de los años 50 y siguen andando; Union Square y viaje a la milenaria China, porque entrar en el Chinatown de San Francisco es como viajar a Pekín. De tiendita en tiendita nos fuimos acercando al TransAmerica Building, y pronto estuvimos en Macaroni! El restaurante en el que Tita Sandra había trabajado hace unos cuantos años. Allí estaba Mario, el dueño del local, que se acordaba perfectamente de la simpática y alocada española que había trabajado para él. Cafetito, fotos de rigor, recuerdos para todos y de vuelta a la calle. CityLights, una librería con mucho carácter, los alrededores del TransAmerica Building, y columpios en pleno Chinatown. Una situación un poco extraña, porque las niñas y otros niños, jugaban en la zona de juegos y a 10 metros, los chinos jugaban a las cartas y apostaban a no se que juego en pleno parque. Y dió la hora de la cena. Ana y David nos querían enseñar un restaurante chino muy especial. Era un sitio pequeño y nada lujoso, excepto la comida, porque fue lo mejor que hemos cenado en mucho tiempo y no tiene nada, pero nada que ver con lo que se come en los chinos de España. Simplemente, delicioso. Si a alguien le sirve de referencia, en la pared había varias fotos de famosos cenando allí, pero la única que tiene un significado en cuanto a buena referencia, es la de Jamie Oliver, el super chef inglés. House of Nanking es un must cluniario para todo aquel que visite San Francisco y está frente al Zoetrope, el edificio de Coppola y a 50 metros del Macaroni!
El día siguiente, ya es historia, al menos en este blog, porque es el día en el que volamos a Seattle y volvimos a casa. Por cierto, no hemos comentado lo barato y bien que se vuela con VirginAmerica, un lowcost que ya quisiera Iberia acercarse, las niñas están todavía aluncinando porque tenían hasta un mando para jugar videojuegos en la pantalla de su asiento. Aprovecho para darles de nuevo las gracias a David y Ana por ser tan magníficos anfitriones. LOL and XOXO.

viernes, 1 de abril de 2011

...Y SEATTLE A LA VUELTA



Pues sí, al volver de nuestro retiro californiano (el próximo post lo contará Cris) paramos nuevamente en Seattle. Nos pareció un exceso quedarnos hasta el día siguiente y renunciamos al ferry de vuelta a Victoria, etc. Era demasiado repetir un día completo en ferries, buses y trenes. Así, decidimos exprimir un puñado de horas en la capital del Estado de Washington y darle su tercera, y última, oportunidad.

No me convenció mucho Seattle las dos primeras visitas pero a la tercera... fue la vencida. No es la ciudad de mis sueños pero hay que reconocer que hay sitios con mucho encanto. Los dos que visitamos el martes 30 nos sedujeron para siempre:

PIKE MARKET: Es un macro-mercado tradicional en plan plaza de abastos pero multiplicado por diez. Hacen falta dos o tres horas para dar la vueltilla y conocer por encima los innumerables puestos. Las vistas a Puget Sound (así llaman al golfo de Seattle) son, además, fabulosas. Comimos en un restaurante viendo llegar y salir a los ferries. Después entramos en el primer Starbucks de la ciudad y del mundo. Ahora han proliferado como setas, especialmente en Norteamérica. Finalmente, las peques se subieron a un cerdo despistado que andaba por el mercau. Pobretico...

SEATTLE LIBRARY: De nuestra anterior visita en 2009 me quedé con rabia de no entrar a la Biblioteca de Seattle. Es un edificio muuuuuuu moderno por fuera e increíblemente original por dentro. No me alargo mucho porque ahí están las fotos. Recorrimos arriba y abajo la biblioteca y nos fuimos raudos y veloces a la estación de autobuses. Sí, decidimos volver en el bus de las 5. A las 8 ya estábamos en Vancouver y a las 9:30 en casa. Y, así, dimos por terminada nuestra escapada primaveral.

SEATTLE A LA IDA...

Seattle no es mi ciudad favorita. La he visitado por segunda vez y he de decir que no termino de cogerle el puntillo. Supongo que si hace un buen día (no he conocido tal cosa en Seattle) y tienes quien te enseñe los mejores rincones de la ciudad se puede disfrutar de lo lindo. Bueno, mal, lo que se dice mal, tampoco lo pasamos.

Llegamos el lunes a las mil y dejamos para el martes las visitas de rigor. No podía faltar el Museo de la Música. Es una experiencia muy particular en una ciudad que se precia de haber formado a muchos solistas y grupos que han marcado tendencia en la historia de la música: Jimmy Hendrix, Nirvana... El museo es muy intimista a la vez que interactivo: se puede escuchar música con cascos, en ordenadores, tocar instrumentos... También invitan a experimentar lo que sienten los artistas cuando suben al escenario en una grabación real en directo. Nosotros nos llamamos, cómo no, ROOSTER BAND (u sea, la Banda del Gallo). Yo hace tiempo que dejé de contar en esta ginecracia que tengo en casa...

El mismo edificio alberga también una exposición sobre Galactica, una serie de ciencia ficción (???). Para más información, contactad con la familia Gallo (a mí, que me registren).

Comimos en una super-plaza cubierta que tiene todos los tipos de comida que se puedan imaginar (mejicana, vietnamita, india, china..) y otros sucedáneos para matar el hambre (McDonald´s, Burger King...). Para terminar el día, visitamos el vecino Pacific Center, un Museo de la Ciencia con muchos puntos interactivos y animales varios. Lo mejor, el mariposario. Salimos del complejo montados en un monoraíl (ver foto superior) que atraviesa literalmente el EMP (Museo de la Música). Toda una experiencia!

Terminamos el día comprando cuatro viandas y cenando prontito en el hotel porque nos teníamos que levantar... A LAS 4:15 DE LA MAÑANA!!! Eso, con dos peques, tendría que estar prohibido. Menos mal que el viaje sorpresa (Ana y Carmen creían que volvíamos a Vancouver) mereció muuuuucho la pena.